Ana Boyer y Fernando Verdasco han regresado a Madrid junto a sus tres hijos tras los recientes ataques que sacudieron Doha, ciudad en la que residen desde hace más de una década. El matrimonio, que se encontraba en Ibiza cuando se produjo el bombardeo sobre la base militar estadounidense de Al Udeid, ha decidido prolongar su estancia en España ante la incertidumbre generada por el conflicto en la región.

Un ataque que alteró sus planes
El pasado 23 de junio, Irán lanzó un ataque con misiles sobre instalaciones militares en Qatar como respuesta a bombardeos estadounidenses sobre sus centros nucleares. Aunque el objetivo no era civil y no se registraron víctimas, las explosiones visibles en el cielo de Doha generaron alarma entre la población local, incluidos los residentes extranjeros como Boyer y Verdasco.
En Ibiza durante el ataque
Por fortuna, la pareja se encontraba en Ibiza celebrando un evento familiar cuando se produjo el ataque. Desde allí siguieron con preocupación las noticias sobre su ciudad de residencia. Isabel Preysler, madre de Ana, confirmó a los medios que “están muy bien, están aquí”, durante su asistencia al estreno de La Traviata en el Teatro Real.
Regreso a Madrid con los niños
El 2 de julio, la familia aterrizó en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas con lo que parecía equipaje para una larga estancia. Su primera parada fue la residencia familiar de Isabel Preysler en Puerta de Hierro, conocida como “Villa Meona”, donde suelen alojarse cuando están en la capital.

¿Cambio de residencia?
Aunque Ana Boyer ha declarado en entrevistas anteriores que valoran mucho la seguridad y calidad de vida en Qatar, la situación actual podría hacerles replantear su futuro. La pareja vendió recientemente su vivienda en La Finca y adquirió otra propiedad en Madrid, lo que sugiere que podrían pasar más tiempo en España.
Una vida entre dos mundos
Desde su boda en 2017, Ana y Fernando han vivido entre Doha y Madrid, adaptando su residencia a los compromisos profesionales del tenista, ahora retirado. Con sus hijos Miguel, Mateo y el pequeño Martín, la familia ha construido una rutina entre ambas ciudades, aunque la tensión geopolítica podría inclinar la balanza hacia una vida más estable en España.