La actriz, periodista y escritora Isabel Pisano, nacida en Montevideo, Uruguay, falleció este lunes a los 81 años en una residencia geriátrica de Majadahonda, España, donde vivía desde 2022 debido a un avanzado deterioro cognitivo causado por el Alzhéimer. Su muerte pone fin a una trayectoria única, marcada por la intensidad, el compromiso político y una profunda vocación por narrar lo invisible.

Pisano comenzó su carrera como actriz en los años 60, participando en películas como Pampa salvaje y Casanova, dirigida por Federico Fellini, con quien mantuvo una estrecha relación profesional. En España, se convirtió en musa del cine provocador de los años 70, especialmente en Bilbao de Bigas Luna, donde su interpretación fue tan intensa como polémica. Su presencia en pantalla siempre estuvo marcada por una mezcla de sensualidad, inteligencia y desafío a los convencionalismos.
Pero su vida dio un giro radical cuando decidió convertirse en corresponsal de guerra, cubriendo conflictos en Palestina, Líbano, Bosnia, Somalia e Irak. Fue una de las pocas mujeres periodistas en acceder a zonas de combate en los años 80 y 90, y sus crónicas se caracterizaron por una mirada humana y comprometida. En ese contexto conoció al líder palestino Yasir Arafat, con quien mantuvo una relación amorosa durante más de una década. Su libro A solas con Arafat reveló aspectos íntimos y políticos de esa conexión, generando controversia y admiración por igual.
Además de ser viuda del compositor argentino Waldo de los Ríos, cuya muerte en 1977 la marcó profundamente, Pisano escribió obras como Yo, puta, Yo, terrorista y La dinastía maldita, donde abordó temas como la prostitución, el terrorismo y la geopolítica desde una mirada crítica y sin censura. Su estilo directo, a veces incómodo, la convirtió en una autora de culto para lectores que buscaban algo más que entretenimiento.
En sus últimos años, participó en el programa Gran Hermano VIP, una decisión que sorprendió a muchos pero que ella justificó con franqueza: “Cuando me quedo sin pasta, la busco. Y en la tele pagan muy bien”, dijo en una entrevista. Esa mezcla de honestidad brutal y sentido del humor fue una constante en su vida pública, incluso cuando atravesaba momentos difíciles.
Isabel Pisano fue una mujer que vivió sin pedir permiso. Su legado abarca el cine, el periodismo y la literatura, y su figura representa una forma de estar en el mundo que desafía etiquetas. Fue artista, testigo, amante, cronista y provocadora. En cada faceta, dejó una huella profunda.
Numerosos colegas y figuras del mundo cultural han expresado su pesar por la pérdida. Desde la Academia de Cine hasta periodistas veteranos, todos coinciden en que Pisano fue una voz única, valiente y necesaria. Su capacidad para narrar lo invisible, para poner el cuerpo en lugares donde otros no se atrevían, la convirtió en una referente de la libertad creativa.
Sus restos serán velados en Madrid en una ceremonia íntima, tal como había solicitado en vida. En sus memorias, dejó escrito: “No quiero que me lloren. Quiero que me lean, que me recuerden con una copa de vino y una buena historia”. Y así será.